Comunidades de Guatemala y Honduras fortalecen la soberanía alimentaria con reservas estratégicas de granos y bancos de semillas
Durante una semana, representantes de comunidades de Guatemala y Honduras se congregaron en las oficinas de la Asociación de Comités Ecológicos del Sur de Honduras (ACESH) con la intención de compartir saberes sobre almacenamiento de granos, conservación de semillas y estrategias para la soberanía alimentaria. Agricultores, coordinadores comunitarios y técnicos de Qachuu Aloom, Vecinos Honduras, Asociación de Agricultores las Ilusiones del Divisadero (AGRIDIVI) y ACESH intercambiaron estrategias y relataron experiencias que han transformado la producción y el abastecimiento de alimentos en sus territorios. Cada comunidad llevó consigo un legado de prácticas que han permitido la subsistencia de generaciones y que ahora enfrentan desafíos derivados del cambio climático, la presión económica y la pérdida de tierras cultivables.
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Reservas estratégicas de granos: una respuesta a la incertidumbre
Las reservas estratégicas de granos han representado una respuesta a la incertidumbre climática y las fluctuaciones económicas. ACESH, una organización comprometida con el manejo sostenible de los recursos naturales en el sur de su país, por ejemplo, ha trabajado junto a 32 comunidades en la consolidación de estos espacios, donde los granos se resguardan en bolsas plásticas, botellas reutilizadas o silos de barro. En Qachuu Aloom, organización guatemalteca que rescata conocimientos ancestrales y fomenta la soberanía alimentaria con un enfoque en equidad de género e identidad cultural, también se han sumado a las diferentes formas para cuidar las semillas; en Baja Verapaz se encargan de realizar recipientes herméticos de barro que guardan en una habitación fría, dispuestas en estanterías o bajo tierra, adaptando el lugar como un pequeño laboratorio para estudiar cómo se conservan mejor en el tiempo.
Cada método responde a condiciones particulares de almacenamiento y protección. Las botellas y bolsas plásticas permiten evitar la humedad, mientras que los silos de barro ofrecen una opción más sostenible y de mayor capacidad. Estas reservas no solo garantizan la soberanía alimentaria en tiempos de escasez, sino que también funcionan como una medida contra la especulación de precios en mercados externos, evitando que las familias queden expuestas a la volatilidad del costo de alimentos como el maíz y el frijol.
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El resguardo de semillas ocupó un lugar central en el intercambio. En AGRIDIVI, una asociación de agricultores de Guatemala que trabaja en la conservación de semillas nativas y el fortalecimiento de la agroecología, se han puesto en marcha métodos de conservación que emplean frascos de vidrio con ajos y chiles como repelentes naturales, así como ceniza para prolongar su almacenamiento. En otras comunidades, grupos organizados han asumido la labor de seleccionar y resguardar semillas, evitando la desaparición de variedades nativas y asegurando su continuidad en futuras cosechas. La desaparición de ciertas semillas debido a la introducción de variedades híbridas ha sido una preocupación recurrente, por lo que algunas comunidades han comenzado a organizar bancos de semillas donde se intercambian y documentan sus características para su conservación a largo plazo.
Mercados locales y trueque: fortalecer la economía comunitaria
Los mercados locales y comunitarios han sido otras estrategias que permitido que los productos circulen entre productores y sus comunidades. En estos espacios, los agricultores comercializan maíz, frijol y alimentos procesados como tortillas y atole. La periodicidad de estos mercados varía según la comunidad, en algunos casos se realizan cada mes, mientras que en otros se organizan con mayor frecuencia en función de la cosecha. Estos mercados también han generado un sistema de intercambio basado en el trueque, permitiendo que familias que no disponen de dinero puedan acceder a alimentos esenciales a través de bienes o servicios. Además de generar ingresos, estas dinámicas consolidan las redes locales y facilitan el acceso a alimentos sin intermediación de grandes cadenas de distribución, fortaleciendo la economía circular.
Soluciones desde las comunidades
Durante el encuentro, los participantes visitaron comunidades que han implementado con éxito algunas de estas estrategias o que están creando iniciativas para el fortalecimiento de sus territorios en términos de agroecología. En La Cabañita, por ejemplo, se estableció una reserva de granos y un sistema de préstamos que facilita la compra de fertilizantes y medicamentos. En esta comunidad ha enfrentado problemas relacionados con la migración de jóvenes, lo que ha reducido el número de productores activos. Para contrarrestarlo, se han implementado programas de capacitación y acceso a créditos con el objetivo de incentivar la permanencia en el campo. En El Muñeco, cada familia aporta un quintal (100kg) de grano al año, lo que ha permitido la consolidación de una reserva colectiva que se activa en períodos de escasez. Esta comunidad también ha implementado un sistema de ahorro con tasas de interés diferenciadas para mejorar el acceso a recursos financieros, creando fondos de emergencia que se utilizan para atender necesidades agrícolas o comunitarias urgentes.
Acceso a la tierra: un desafío central
El acceso a la tierra atravesó buena parte de las discusiones. La concentración de la propiedad ha restringido la producción agrícola y ha dificultado la permanencia de las familias en sus territorios. Algunas comunidades han intentado adquirir terrenos de manera colectiva, aunque la falta de financiamiento y la ausencia de títulos de propiedad continúan siendo barreras. También se discutió la incidencia de proyectos extractivos que han desplazado a comunidades y han reducido la disponibilidad de tierras cultivables. Ante esto, algunas comunidades han recurrido a la organización legal y al establecimiento de títulos comunitarios como un mecanismo de protección de sus territorios.
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Jóvenes construyendo soberanía alimentaria y resiliencia
El papel de los jóvenes también se sumó a la conversación, ya que en diferentes territorios se han vinculado a la producción de alimentos y la gestión comunitaria como un proceso de resiliencia frente al escaso relevo generacional. Vecinos Honduras que facilita programas de soberanía alimentaria y fortalecimiento comunitario en zonas rurales del país, por su lado, ha buscado caminos para incentivar a las nuevas generaciones en estos procesos, incluyendo talleres de emprendimiento, producción audiovisual y el uso de herramientas digitales para difundir conocimientos y experiencias, esto para garantizar una transición generacional efectiva. Además se han desarrollado programas de mentoría en los que los agricultores mayores enseñan a los jóvenes sobre prácticas agrícolas, gestión de semillas y administración de recursos para fortalecer el arraigo en el territorio y abrir nuevas perspectivas frente a la migración.
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Otro de los aspectos socializados en este encuentro fueron algunas problemáticas que irrumpen en los procesos e inciden en la producción agrícola, como la minería y la inestabilidad en el suministro eléctrico. En algunas regiones, la actividad minera ha contaminado fuentes de agua y suelos, comprometiendo los cultivos. Los cortes de electricidad han entorpecido la conservación de alimentos y alterado las dinámicas cotidianas, afectando el uso de bombas de riego y la refrigeración de productos perecederos. Ante estos desafíos, las comunidades han fortalecido sus redes de cooperación y han puesto en marcha prácticas agroecológicas para minimizar la dependencia de insumos externos. Se han explorado alternativas como el uso de energía solar para el riego y la implementación de sistemas de captación de agua para enfrentar la escasez en temporadas secas.
Se propició, además, el intercambio de estrategias sobre producción y almacenamiento de alimentos, además de fortalecer la coordinación entre comunidades. La cooperación ha sido determinante para mejorar las condiciones de abastecimiento en un contexto afectado por la crisis climática y económica. Como resultado, algunas comunidades han acordado establecer redes permanentes de comunicación para compartir avances y dificultades, asegurando que las estrategias discutidas continúen evolucionando y adaptándose a las condiciones cambiantes de cada territorio.
La soberanía alimentaria se construye en comunidad. Las semillas son historias de cuidado y resistencia, los mercados locales reflejan una apuesta por la autonomía y los jóvenes que permanecen en sus territorios siguen construyendo formas para sostener el futuro.
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Estos esfuerzos necesitan soporte para seguir creciendo y el apoyo a estos puede tomar muchas formas, desde compartir estas experiencias para que más personas conozcan el valor de las semillas y el trabajo campesino, hasta sumar esfuerzos para que las comunidades tengan acceso a más herramientas, recursos y redes de intercambio. Todo aporte fortalece el camino hacia una producción de alimentos justa y propia, donde las decisiones las tomen las mismas manos que cultivan la tierra.
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About the author
Luisa María Castaño Hernández
Luisa María Castaño Hernández is Groundswell International’s Communications Coordinator for Latin America and the Caribbean. She has experience in media in different countries, content development in multimedia and print formats, fiction and non-fiction writing and editing. She has played a leading role in the formulation and implementation of communication strategies for projects of institutions working for the preservation of cultural heritage and biodiversity, the strengthening of education and the integration of migrants. She has also participated in the development of museographic scenarios, curating exhibition cycles and educational experiences in art and science museums. She is a journalist, artist, and has a Masters in Humanistic Studies.